El liberalismo, o incluso la teoría de los derechos individuales de Arendt se basan en un concepto fundamentalmente erróneo, que es aquel por el que las cualidades del hombre le son inherentes, así como el hecho de ser depositarios per se de derechos naturales y universalmente legítimos. Con ello niegan el aspecto fundamental de la evolución humana, que no es otro que el aspecto social. El hombre solamente es hombre, entendido en sus connotaciones judeo-cristianas y filosófico-occidentales, gracias a que participa de la comunidad. Un hombre dejado en su plena libertad, aislado, como demuestran los casos los niños abandonados, solamente puede crear una existencia semejante a la de las bestias, se ve privado de cualquier capacidad de lenguaje, de pensamiento abstracto y finalmente cualquier pensamiento que no esté directamente implicado con sus instintos y sus necesidades primitivas.
Suponiendo que tuviese el don del lenguaje y del pensamiento, por encontrarse en una pequeña comunidad aislada, incluso toda la producción material e intelectual de este grupo sería totalmente vacua e insignificante, puesto que la acumulación de producción y de conocimiento aplicado, y en general el acervo del conocimiento humano, solo es posible si se puede comunicar a un conjunto social más amplio, del que a través de una forma compilada y resumida pueda acceder el individuo para realizar su contribución, que a su vez solamente tiene sentido si la comunica y la hace, por tanto, social, y cuyo origen está en la portación de los miles antes que él. Si existe ser humano social, entonces es cuando es se produce la precondición de creación y participación en todos los beneficios de la evolución, que a diferencia de la conceptual pasión liberal por el uno, únicamente puede ser comunitaria.
Este sentido comunitario del acervo material y técnico-científico, es el origen de todas las teorías filosóficas y sociológicas de la dominación, pues el hecho de la existencia material del hombre, que necesita para su reproducción perfectiva del acervo social, presupone a la vez que algunos hombre más dotados (en un principio) se apropien de esta riqueza material e inmaterial para su propio privilegio, en su carácter egoísta animalista, creando a partir de entonces una alianza de capaces, que para la justificación de su privilegio, y para asegurar el control del desarrollo de las fuerzas productivas, crean la ideología conscientemente e instauran necesariamente relaciones desiguales de clase. Estas relaciones, como implica la teoría marxista, presuponen una apropiación desproporcionada del acervo material y moral de la sociedad.

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Que se hundan el gobierno del PP y su mafia.

Como recuerdo al periódo chino de las Cien Flores, una proclama

让 PP 政府和他的黑手党下沉!

 

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Sobre el individualismo y la distribución

La victoria fislosófica fundamental del capitalismo radica en el desarrollo dogmático realizado en torno al término individualidad o singularidad (fuera de sus aplicaciones conceptuales en el ámbito de la Inteligencia Artificial). No parece demasiado complicado imaginar, sin tener que utilizar el recurso a la ficción o a la fantasía, simplemente con la experiencia, como sería la vida de un hombre completamente aislado. Díficilmente podría levantar más que una choza, cazar de forma rudimentaria, gastando cuatro horas del día intentando prender una hogera con la que calentarse los huevos. Sin embargo este individuo como ligeramente elevado o quizá por debajo incluso del nivel de vida del resto de especies animales, en función de sus dotaciones fisiológicas, por oposición a toda doctrina de la divinización individual, solamente adquiere los caracteres de su humanidad cuando vive y trabaja en sociedad. Toda producción económica, como resalta Marx, es necesariamente social. Y he aquí donde perniciosamente el neolibarelismo o los teóricos al servicio del capital industrial y financiero, diluyen y distorsionan la realidad natural del hombre, como especia animal y racional, como contribución a la magna obra de la interesadísima autocomplacencia. Como se puede concebir la verdadera libertad sin comunidad, fuera de la cual el hombre está preso por su intolerable destino: ser una naturaleza pensante dentro de una naturaleza que lo devora. He aquí, en su estado más natural, donde el hombre, privado de la posibilidad de empleo de sus dones, privado de la comunidad, donde debe someterse inexorablemente a ley de la selva, la ley del más fuerte. Esta ley solo tiene aplicación auténtica cuando todos los hombres están solos. La creación por sí de la comunidad como agrupación de hombres bajo normas convencionales y de convivencia, lo sustrae de la precariedad y lo dota de un estatus de ciudadano. Pero esto no es posible si no adopta, si no crea colectiva. La producción es necesariamente social, no porque se dé en un contexto organizado de hombres, sino porque cada uno de estos hombres hace una contribución reglada a un patrimonio (a un capital si querés) colectivo. Donde no es reglada es delictiva (cuya forma típica es el expolio y la apropicación individual e ilegítima de este capital comunitario). La riqueza es creada socialmente y dentro del capitalismo, por razones extrañas, es privativa en su distribución, que no en su reparto. El reparto individualizado de un producto necesariamente socializado, no es modo  alguno un pecado, pues cada hombre y mujer deben retomar de la comunidad aquello que han aportado más sus frutos, pues la primera función de la sociedad es la elevación material de sus partícipes (amén de su seguridad personal). La privatización de la distribución, solo puede ser moralmente permisible o justa (concepto puramente humano en su máxima expresión) cuando no existe en efecto tal distribución, cuando de hecho un productor individual (sin apropiación de trabajo ajeno) toma de la comunidad una serie de materias, remuneradas en su cuantía exacta socialmente necesaria, para producir algo nuevo, que es en sí totalmente el producto de su cuerpo y su inteligencia, en la proporción en la que adquiere un valor añadido. Debe ser por tanto libre en el momento de integrar su valor añadido como parte del producto de la comunidad, sin que haya lugar a distribución alguna, recibiendo la contraprestación cierta de lo que el a cobrado, integrandose por este hecho en la comunidad que le proporciona la plenitud de su dignidad. El capitalismo sin embargo hace de la distribución su sacro sanctum. Torna una producción social, realizada por una colectividad de individuos, en el producto de quienes ostentan una determinada posición frente a los medios de producción. Aun en el caso de que la empresa no funcione, igualemente han creado riqueza los empleados de ésta. Si se produce un menoscabo, ello solo puede achacarse a la distribución; a la distribución del producto arrancado originalmente producido colectivamente que no encuentra un canal racional de servir a la satisfacción de necesidades (fin verdadero) porque precisamente existe ese canal de propietarios, que transforman en propiedad privada bienes a todas luces, para un obrservado externo desconocedor de la forma de apropiación capitalista, colectivos, falseando al mismo tiempo su verdadero valor contra un valor de cambio. Y el supuesto riesgo y ventura que asume el propietario, que existe por la mera existencia del referido canal distributivo y por su dialéctica de acumulación privativa, no desvirtua en punto alguno la naturaleza social (colectiva) de la producción (y originalmente del producto), igual que la decisión de estampar o comerse los frutos de un manzano es independiente a la naturaleza dadora de frutos de esta especie. De forma que toda asincronía y perturbación (por no referir sus desigualdades artificiosas) consustancial al cáracter dialéctico de la distribución, debería superarse (siempre que existe efectivo control colectivo y no de propietario enrojecido) con la reposición a la colectividad  de los medios de producción creados anteriormente por ella, pasándose de un problema oligárquico de distribución a un problema democrático de reparto, que responde mucho más eficazmente a la edificación común de la civilación

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Sobre la entrega de la plusvalía

Una cuestión de imprescindible respuesta para el homo economicus , bajo cualquier orden socioeconómico imperante, se refiere a la preferencia a la hora de la entrega de la plusvalía. Partiendo del hecho de que, para que sea posible la generación de riqueza, y para el mantenimiento o elevación de un nivel de vida dado, es imprescindible que el producto del trabajador bajo condiciones sociales no sea remunerado en su totalidad, sea hace  necesario determinar socialmente si la plusvalía generada es preferible dársela a la comunidad (y que indirectamente repercuta en el propio trabajador a partir de las realizaciones llevadas a cabo por esta comunidad organizada a través de una de sus unidades políticas, administrativas o económicas) o por el contrario se entregue a título privado (al empresario empleador bajo el régimen económico asalariado capitalista). Remito a la obra El capital de Marx para explicar por qué para formas de producción más allá del autoconsumo es requerida la plusvalía, así como la experiencia histórica de la autogestión en la Yugoslavia comunista. Volviendo a la dicotomía enunciada, parece la privatización de la plusvalía (su dación al empleador) un fenómeno a primera vista del todo indeseable. Sin embargo, es un lugar común el pensar, y en mi opinión de forma acertada, que aquel trabajador empleado y remunerado de acuerdo a un salario, en una empresa de tamaño pequeño, se beneficia indirectamente de la plusvalía que entrega a aquel que compra su trabajo, pues al ser el único o casi generador directo de beneficio empresarial, al margen del propio capitalista, su importancia relativa en el resultado es decisiva y proporcional al peso del excedente laboral por él generado. Si él es contribuyente decisivo junto al empresario a la persistencia de la empresa, es evidente que es de su máximo intereses la continuidad de la unidad económica que le provee de sus medios de vida. Entonces tiene sentido, que en países formalmente comunistas como en Cuba o en la Unión Soviética se permita el trabajo asalariado en bajas proporciones, aunque los más probable es que esas previsiones legales no fueran consistentes en términos del análisis económico marxista, al menos conscientemente, sino la necesidad de que una serie de servicios no congruentes con las exigencias de la economía socializada, tales como las profesiones liberales, servicios de ocio (restaurantes, bares, salas recreativas…) comercios alimentarios al por menor de características singulares (panaderías) o de cuidado personal (peluquerías), fueren proveídos. Sin embargo, estos efectos benéficos de la privatización de la plusvalía desaparecen a medida que el número de empleados asalariados crece. Al crecer este trabajo asalariado, siempre que no se interrumpan los ciclos de la mercancía (por insuficiencia en su realización-venta-prestación), obviamente se multiplican todas la plusvalías generadas por individuales generadas por los trabajadores, disminuyendo su importancia relativa en el resultado y engordando el beneficio neto del capitalista en situaciones ordinarias de consumo en el mercado. Luego si la empresa tiene pérdidas o estamos ante un ciclo de crisis económica y la producción no alcanza a realizarse, esto es totalmente independiente de la plusvalía aportada por el trabajo excedente, pues el trabajador ya la ha entregado, y ya reviste su forma de producto valorizado, sin que la administración empresarial (a su vez asalariada) haya logrado convertir este valor de uso potencial en capital-dinero. Pero, como vemos, ya existe sin embargo explotación, por muy remunerado que el trabajo o sus colegas estén, por que parte de  sus productos y el total de la utilidad (beneficio) generada le corresponden al propietario de los medios materiales de producción.

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“desde un punto de vista económico, estoy de acuerdo con medidas sociales como el aumento del desempleo y la disminución de los derechos de los trabajadores porque, si bien es cierto que son dañinas para nuestra sociedad, también son necesarias para avanzar en el proceso de reformas económicas”

Jože Pučnik

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A propósito de la revolución

“El Estado debe convertirse de un Estado basado en la dominación de clase en un Estado popular

 August Bebel

 

La frase arriba citada del socialdemócrata alemán Bebel fue presentada y entendida por éste como devolución (devolution) sin revolución. Su más validez como enunciado solo alcanza, sin embargo, su sentido máximo a través de la revolución.

Precisamente la naturaleza autoritaria de la supresión de las relaciones legales de propiedad y contractuales del sistema financiero que argumente en A propósito de la democracia, constituye una revisión necesaria a realizar primero por medio de la violencia política, contra todo el aparto legislativo de dominación clasista. Sólo la violencia dialéctica,  y la violencia sobre las cosas, imprescindible o no en la medida en que la evolucione la oposición capitalista (ofensiva, abierta o velada), pueden realizar la magna tarea de sustituir la sumisión tácita por la democracia práctica. Como Lenin argumentó en tantas ocasiones con gran clarividencia, de acuerdo a las circunstancias históricas de las que fue testigo, es absurdo pensar que la ruptura con la “democracia” capitalista puede surgir desde una legalidad instaurada por ésta, sin que por parte del conjunto de las fuerzas reaccionarias oponga todas las armas político-constitucionales y armas de represión popular que estén a su alcance. Los protagonistas y adheridos al sistema, que se juegan la supervivencia de sus respectivos roles, fundados en la explotación abierta (en las naciones en desarrollo) y difuminada (en el mundo “desarrollado”) y detentoras del monopolio de la fuerza, ejercerán de la peor forma (como habitualmente allí donde la sociedad civil es una broma) y sin reparos hacia cualquier condición humana los poderes con los que se han auto-investido al proclamar la “república” o el “parlamentarismo” burgueses (poderes de coacción y de aniquilación).

¿Cómo puede una fuerza material levantarse para ejercer su “derecho de mayoría”?¿Bajo qué condiciones? En primer lugar, parece razonable que esto solamente sea posible cuando las relaciones de producción alcancen nuevamente un nivel de contracción tal que compense por completo el “salto al vacío” que implica toda tentativa de revolución radical.  Dicho sea de paso, toda esta fraseología marxista es perfectamente aplicable a nuestros días, pues todo aquello que es válido para la dominación por medios materiales, lo es para la dominación por medios inmateriales. Si  esta contradicción se vuelve patente de tal manera que ante ésta solamente un emisor (un poseedor de nuestros tiempos) pueda tenerse por ciego, de acuerdo con el estado dialéctico de las relaciones económicas capitalistas, tendría sentido sociológico que éstas ejercieran de detonante hacia la democratización económica (en su forma socialista como “economía social”). Y aun entonces habría de verse si las partes en conflicto (por muy desigual que fueran sus relaciones de valor y número) pudieren llegar arbitrio.  Quizá antes de ello se eleve a la condición de hecho probado al fin ante  todos los filisteos, que abrazaron  y abrazan el capitalismo como única  vía posible a la democracia y los derechos del hombre, la desenmascarada del poder totalitario de clase, violento, injusto, basado en la mutua traición.

Si hay algo indudable es que nuestro partido y la clase obrera sólo pueden llegar al Poder bajo la forma política de la República democrática. Esta es, incluso, la forma específica para la dictadura del proletariado, como lo ha puesto ya de relieve la gran Revolución francesa

 

Friederich Engels

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A propósito de la democracia

El principio básico que deben comprender los ciudadanos de cualquier estado de base económica capitalista es que han sido educados por el capital, y como tal, han sido educados con sus prejuicios de clase. Sino existe una crítica de la ideología externa y de la mentalidad típica transmitida, es inútil que cualquier idea verdaderamente socialista pueda cuajar como concepción intelectual purificada de toda propaganda de clase. El mayor problema que han sufrido probablemente las revoluciones socialistas y los gobiernos socialistas que las han seguido, sea que éstos han tomado tantas características de los viejos modos de hacer y de pensar, que han terminado por diseñar instituciones y políticas indiferentes a las del antiguo régimen que sustituyeron. Las conciencias que materializaron estos estados estaban tan afectadas, muchas veces de forma inconsciente, por aquellas maneras, que difícilmente podía ser construible una organización social nueva,extraña a sus experimentadosantagonismos 

La clase trabajadora (industrial, agrícola y comercial), el ser humano en sí, ha evidenciado potentes inclinaciones pequeñoburguesas(recordemos la frase de Lenin sobre el surgimiento espontáneo del capitalismo en todo tiempo y en todo lugar basada en sus observaciones de la guerra civil y etapa temprana de la NEP). Una vanguardia que en su nombre se hace con el poder, difícilmente puede instituir un poder obrero sin caer prontamente en vicios pasados, más si le es depositado un poder absoluto. La alternativa al nivel superestructura, a nivel del sistema político-legal debe pasar por la instauración de una democracia destructiva del sistema de poder capitalista y sustituirla por la democracia popular desligada de toda raigambre de clase. La dictadura del proletariado se ha demostrado no solamente como inservible al objeto de procurar la democracia política, sino también como un stablishment tendiente al vaciamiento de sentido de las libertades individuales y colectivas (y por sí alienante). Como en la democracia clasista que hoy vivimos en el capitalismo europeo, la organización partidista no tardó en servir a su fin primitivo (genuinamente capitalista) de ejecutividad al margen de la voluntad popular, programación a su pesar y actuación en su nombre. Una democracia soviética (en el sentido del Soviet original y del gobierno soviético provisional de preguerra) debe descansar ineludiblemente en los principios de una economía de mercado, socialista de mercado, donde la transformación radical de su base material deba necesariamente ir acompañada de la primera instauración política, representativa de TODA la sociedad. Apartarse de la avaricia mercantilista y de la voluntad democrática es a un tiempo utópico y autocrático, conduciendo en el menor periodo de tiempo a la tiranía del capitalismo de estado o a la planificación antidemocrática, que bajo nuevas nombres designa las viejas formas de explotación sustituyendo la dominación de la clase capitalista por el dominio amorfo del estatismo (servidor de…) 

La gran tarea ineludible es,en el plano material, la supresión autoritaria de las formas económicas de dominación (que no de las formas de economía privada), conservado la inefable institución del mercado. Significa a día de hoy el puente entre la libertad presente de actuar de acuerdo a  la ley y la progresiva libertad de crear la ley, donde de acuerdo a la nueva ordenación de la economía pueda el pueblo asumir la plena la soberanía, por analogía de las creaciones político-legislativas con la naturaleza democratizadora del mercado socializado. Sin embargo, la conversión autoritaria de la base económica del sistema implica la imposición forzosa de reglas inequívocamente democratizadoras, socialistas, de canalización del legítimo interés particular, incluso del lucro, imperecedero por la propia naturaleza del hombre, que ningún poder popular puede abolir so pena de transgredir las libertades individuales y colectivas. 

La constitución, a través de la autoridad política socialista, del mercado democrático, encuentra su paralelismo natural en la creación de una democracia de masas, de una  democracia que destruya su base clasista y adquiera de una vez por todo un verdadero contenido mayoritario. Una democracia que organice el monopolio del poder público destruyendo los partidos políticos, destruyendo el carácter profesional de la política (entendida como arte parasitario y colaboracionista), destruyendo todo medio intermediario y distorsionador (medios agentes), que tenga como uno de sus objetivos irrenunciables el debilitamiento hasta su liquidación de la aberración que supone la soberanía territorial excluyente. Resulta inmanente a los fines de la revolución social la supresión de la frontera estatal como paquete individual de. El internacionalismo debe ser una exigencia y una virtud irrenunciable del socialismo verídico. Es una pérdida de tiempo querer denunciar los pormenores de la traición de los socialdemócratas, especialmente en la cuestión de la política exterior. Deben tratarse como si fueran tan reaccionarios como el más tradicionalista y elitista de las fuerzas de oposición a la que ellos llaman “mayoría social”. El uso de una etiqueta socialista por estas fuerzas manipuladoras de la conciencia lleva el peso de muchos más millones de muertos a sus espaldas que las terribles atrocidades “rojas” que ensombrecen el profundísimo mensaje de la filosofía histórico-marxista.  

No se puede transgredir cuando lo que arriesgamos es no alcanzar nunca la democracia económica, ni aun menos la democracia política. Las campañas de desinformación y la apatía de los ciudadanos han posibilitado que el dominio de clase se disfrace de autentica democracia. Existe la pretensión cada vez puesta más de manifiesto en su como irónica ficción, de que el pueblo ejerce la soberanía popular, aun sabiendo desde hace muchas décadas que los señores diputados, senadores o variantes del mismo término allí donde existe “democracia parlamentaria” ejercen la doble función de representar y aplastar (como dijera Marx vertretenundzertreten). Las pruebas de esta coalición (o debería decirse en honor a la verdad, sumisión) en el actual estado de España, por ejemplo, son de dimensiones fantásticas. El pueblo adoctrinado durante lustros por la educación formal parece empezar a despertar de un sueño profundo y a ver el rostro genuino de su condición plebeya, a mirar a la cara a la dictadura del capital financiero (como fase superior del capitalismo). No debemos llevarnos a engaño, una vez que los hechos han arrojado luz sobre la triste realidad. Por desgracia, entre nosotros hay quien se siente libre, y alimenta esta ilusión de libertad alegremente  por medio del hambre y los padecimientos de las gentes que viven y padecen más allá de lo que sus ojos alcanzan. Es muy probable que no tenga que haber pobres para que existan ricos, pero la evidencia histórica y económica nos dice que para que existan ricos al modo de producción y distribución capitalista deben existir necesariamente pobres y explotados. Son por tanto dos de sus notas características la desigualdad y la transmisión de ésta. En la vieja Europa continental,quizá no estemos demasiado lejos de volver a experimentar su lado más amargo, al tiempo que minijobs y la precariedad laborar vienen a socavar las sangrientas conquistas de la clase trabajadora. No a mucho tardar quizá seamos nosotros quienes nos ahoguemosfrente a las costas del mar de China, y no los negritos enLampedusca

La gran cuestión que se hace todo verdadero socialista, que tiene en su propia conciencia y en la conciencia común una bien ideada alternativa, herramienta presta a la construcción de una democracia popular libre de tiranías de todo orden, propias o heredadas, es si realmente puede una mayoría social consciente destruir la servidumbre emocional que la vincula artificialmente a la clase dominante y ejercer a título de dueña la “fuerza material” que reside en ella. Como se deduce de lo anterior, no creo en modo alguno que ni en la Rusia pre-soviética ni en la actual sociedad capitalista global esta confrontación y victoria sean necesarias o inmanentes, más que en la medida en que las contradicciones latentes de la sociedad capitalista no son o puedan ser adecuadamente aliviadas, condenándose a sus sostenientes a la marginación y a la minoría conspiranoide por la espiral capitalista. El engrasado fundamental de esta contradicción, encarnado y encargado al ascensor social (aparente movilidad interclasista), difumina y diluya, casi mejor que cualquier manipulación masiva de la conciencia colectiva, su verdadero carácter patológico y sistémico. La mutación del capitalismo, desde la dominación por los medios de producción materiales hasta la actual dominación por los medios de producción inmateriales, ha contribuido conscientemente a este desdibuje de la grossa línea conflictual, que despista a los socialistas de buena fe. Es de rigor imponer, a este respecto, el tanto de culpa no sólo a los parásitos traidores de clase (sindicatos, IU and the like y sus teorizaciones ecologistas y despropósitos por el estilo) sino también a la paupérrima dotación teórica actual que padecen los partidos genuinamente socialistas en la explicación de estas cuestiones.


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